Si hace unos meses alguien me hubiera dicho que iba a disfrutar del CrossFit, probablemente no lo habría creído.
Durante mucho tiempo pensé que no era para mí. Me gustaba ir al gimnasio a mi manera, sin que nadie me dijera qué hacer ni cómo entrenar. Valoraba mucho esa sensación de libertad, de poder decidir en cada momento qué ejercicio hacer o cuándo terminar.
Pero con el tiempo me di cuenta de que esa misma libertad también tenía un lado negativo.
Muchas veces iba al gimnasio sin un plan claro. Hacía algunos ejercicios y, si me sentía cansada o simplemente no tenía ganas, terminaba marchándome antes de tiempo. Había días en los que entrenaba con intensidad, pero también muchos en los que no daba lo suficiente como para progresar realmente.
Hace tres meses decidí probar algo diferente.
Y aunque todavía me considero una principiante, puedo decir que el CrossFit me ha sorprendido más de lo que esperaba.
El miedo a volverme demasiado musculosa
Una de las cosas que más me preocupaba al empezar era el trabajo del tren superior.
Como mujer, tenía el miedo de desarrollar demasiada musculatura y no sentirme cómoda con mi cuerpo. Es una preocupación que muchas compartimos y que rara vez expresamos en voz alta.
Todavía es un pensamiento que aparece de vez en cuando.
Sin embargo, cuanto más aprendo sobre entrenamiento, más entiendo que desarrollar una gran cantidad de masa muscular requiere años de trabajo, una alimentación específica y una dedicación enorme.
Lo que sí he notado es que me siento más fuerte.
Y sentirme fuerte es muy diferente a sentirme grande.
Hoy puedo hacer cosas que hace unos meses me parecían imposibles y eso ha cambiado la forma en la que veo mi cuerpo.
La comunidad que no esperaba encontrar
Si hay algo que me ha sorprendido especialmente es el ambiente.
Pensaba que el CrossFit era un deporte individual donde cada persona iba a competir consigo misma y poco más.
Pero me encontré con algo distinto.
Personas animándose entre ellas, celebrando pequeños avances y compartiendo el esfuerzo de cada entrenamiento.
Hay algo muy especial en terminar una sesión agotada y darte cuenta de que todos los que están a tu alrededor han pasado por lo mismo.
Esa sensación de comunidad hace que sea mucho más fácil volver al día siguiente.
Descubriendo HYROX
Además del CrossFit, también he empezado a asistir a clases de HYROX.
Intento ir dos veces por semana porque siempre me han gustado los entrenamientos que combinan fuerza y cardio.
A largo plazo, uno de mis objetivos es mejorar mi resistencia física.
Y aunque todavía me queda mucho camino por recorrer, empiezo a notar cambios.
Cada vez aguanto más.
Cada vez recupero mejor.
Y cada vez siento menos miedo cuando veo un entrenamiento exigente.
Lo más curioso es que esa mejoría también se refleja en los WOD del CrossFit. Hay ejercicios que antes me dejaban completamente agotada y que ahora puedo afrontar con mucha más confianza.
Más allá del ejercicio
Quizá el cambio más importante no sea físico.
Lo que realmente me está aportando el CrossFit es constancia.
Me está enseñando a presentarme incluso los días en los que no tengo ganas.
A terminar entrenamientos que no me apetecen.
A confiar en que los resultados llegan cuando somos consistentes.
Y esa lección va mucho más allá del deporte.
Porque muchas veces pensamos que la motivación es lo más importante, cuando en realidad lo que marca la diferencia son los hábitos que construimos día tras día.
Después de tres meses todavía tengo mucho que aprender.
Pero si algo tengo claro es que me alegro de haber dejado atrás mis prejuicios y haberle dado una oportunidad.
A veces, las cosas que más nos aportan son precisamente aquellas que nunca pensamos que nos gustarían.
