¿Y si no me da tiempo a hacer todo lo que quiero?

Mujer mirando por la ventana de un tren mientras contempla una ciudad al atardecer

Creo que tengo un pequeño problema con querer demasiadas cosas.

No en el sentido de querer tener más o conseguir más.

Es que me da curiosidad la vida.

Me dan curiosidad demasiadas cosas.

Quiero conocer lugares que todavía no conozco, aprender cosas que todavía no sé, probar cosas que nunca he probado, cambiar de opinión, empezar proyectos, descubrir aficiones nuevas, volver a hacer cosas que ya hice y hacer otras que todavía ni siquiera sé que quiero hacer.

Y cuanto más lo pienso, más cosas aparecen.

Es como si la lista no terminara nunca.

Y, sinceramente, me encanta que sea así.

Me gusta ser curiosa.

Me gusta emocionarme con una idea y pensar “algún día quiero hacer esto”.

Me gusta descubrir algo nuevo y sentir que de repente quiero saberlo todo sobre ello.

El problema aparece cuando me acuerdo de que el tiempo sí tiene un límite.

Porque mi curiosidad no.

Y ahí es cuando me entra una sensación bastante difícil de explicar.

Una mezcla entre ilusión y angustia.

Como si tuviera demasiadas ganas de vivir y, al mismo tiempo, supiera que no voy a tener tiempo para hacerlo todo.

La vida adulta no siempre sigue el camino que imaginabas

Cuando somos pequeños, el futuro parece enorme.

Tienes la sensación de que vas a tener tiempo para todo.

Puedes ser cualquier cosa.

Vivir en cualquier sitio.

Aprender cualquier idioma.

Viajar a todos los lugares que aparecen en un mapa.

Cambiar de profesión.

Empezar de cero.

Y luego creces.

Y descubres que la vida no funciona exactamente así.

Llegan las responsabilidades.

El trabajo.

Las obligaciones.

El dinero.

La familia.

Los compromisos.

Las decisiones que tomas y que, sin darte cuenta, van cerrando algunas puertas mientras abren otras.

Y no lo digo como algo malo.

De hecho, muchas de esas cosas son precisamente las que hacen que mi vida sea la que es.

Pero también significa que no puedo hacerlo todo.

Y creo que esa es una de las cosas que más me cuesta aceptar.

Porque sé que hay versiones de mi vida que probablemente nunca voy a conocer.

No porque no quiera.

Simplemente porque la vida también consiste en elegir.

Y cada elección te lleva por un camino.

¿Y si sí me da tiempo?

Lo curioso es que, después de pensar todo esto, siempre aparece otra parte de mí.

La que dice:

¿Y si sí?

¿Y si dentro de diez años he hecho muchas de esas cosas que ahora me parecen imposibles?

¿Y si algunos de los caminos que hoy ni siquiera estoy imaginando terminan llevándome exactamente a donde quiero estar?

¿Y si la vida tiene más espacio del que creo?

No lo sé.

Y quizá por eso esta sensación es tan extraña.

Porque no quiero resignarme pensando que no voy a hacer todo lo que quiero.

Pero tampoco quiero vivir corriendo detrás de una lista interminable de cosas que todavía me faltan.

Quiero seguir teniendo curiosidad.

Seguir haciendo planes.

Seguir descubriendo cosas.

Pero también quiero aceptar que algunas se quedarán por el camino.

Y creo que esa es la parte que todavía estoy aprendiendo a gestionar.

Quizá no se trata de hacerlo todo

Hay una cosa que sí tengo bastante clara.

No quiero dejar de querer cosas por miedo a no poder hacerlas todas.

No quiero volverme menos curiosa para que la lista parezca más pequeña.

No quiero convencerme de que ya no me interesa algo simplemente porque quizá nunca encuentre el momento.

Prefiero seguir teniendo ganas.

Seguir diciendo “algún día”.

Aunque algunas veces ese algún día llegue y otras veces no.

Porque también pienso que muchas de las cosas que hoy forman parte de mi vida alguna vez fueron simplemente una idea que tuve.

Y quizá todavía me quedan muchas de esas por delante.

Tal vez la vida no consista en conseguir hacer todo lo que imaginamos.

Tal vez consista en ir descubriendo, sobre la marcha, qué cosas merecen realmente nuestro tiempo cuando llega el momento de elegir.

Y eso también me tranquiliza un poco.

Porque quizá no necesito saber ahora todo lo que voy a vivir.

Ni decidir qué sueños sí y qué sueños no.

Puedo simplemente seguir siendo curiosa.

Seguir teniendo ganas.

Seguir preguntándome “¿y esto cómo sería?”

Y dejar que la vida me vaya contestando.

Porque sí.

Hay días en los que me da angustia pensar que no me va a dar tiempo para todo.

Pero también hay días en los que pienso que quizá todavía me quedan muchísimas cosas por descubrir.

Y me gusta más quedarme con esa posibilidad.

Quizá no me dé tiempo a hacerlo todo.

Pero qué bonito que todavía tenga tantas ganas de intentarlo. 🤍

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