No recuerdo exactamente cuántos años hace.
Solo sé que un día vi un vídeo de una chica diciendo que ella se hablaba a sí misma como si fuera la mujer con más suerte del mundo.
Esa frase se quedó conmigo.
No porque pensara que repetir unas palabras fuera a cambiar mi vida de un día para otro, sino porque me hizo pensar en cómo nos hablamos a nosotros mismos.
Ese mismo día decidí empezar a hacerlo.
Desde entonces, casi todos los días me digo:
«Soy la mujer con más suerte del mundo.»
Y lo curioso es que ya no solo lo digo.
Lo siento.
Con el tiempo empecé a darme cuenta de pequeños detalles que antes probablemente habrían pasado desapercibidos. Personas que aparecían justo cuando las necesitaba. Oportunidades inesperadas. Casualidades que parecían demasiado oportunas para ser solo coincidencias.
«Es que de verdad tengo muchísima suerte.»
¿Significa eso que nunca me pasan cosas malas?
Para nada.
Mi vida también tiene días difíciles.
Tengo proyectos que no salen como esperaba, momentos de frustración y situaciones que me hacen llorar o dudar de mí.
La diferencia no está en lo que me pasa.
Está en cómo decido interpretarlo.
Hoy intento pensar que, aunque en ese momento no lo entienda, todo termina teniendo un sentido.
A veces una puerta se cierra porque otra está a punto de abrirse.
Otras veces simplemente necesitaba aprender algo que no habría aprendido de otra manera.
No siempre es fácil verlo cuando estás en medio del problema.
Pero con el tiempo, muchas veces miro hacia atrás y pienso:
«Menos mal que aquello ocurrió así.»
No sé si esto es manifestación.
No sé si es mentalidad.
No sé si simplemente es que, cuando cambias la forma de mirar la vida, empiezas a fijarte más en todo lo bueno que ya estaba ahí.
Lo único que sé es que vivir creyendo que el mundo está en tu contra pesa muchísimo más que vivir pensando que, de alguna manera, las cosas terminarán saliendo bien.
Y esa forma de pensar me ha dado mucha paz.
Así que sigo haciéndolo.
Cada mañana, o cuando siento que lo necesito, me lo vuelvo a recordar.
«Soy la mujer con más suerte del mundo.»
Y, sinceramente…
Cada día encuentro un motivo más para creérmelo.
