Querido diario | 13 de julio de 2026

Hoy ha sido uno de esos días en los que he tenido que recordarme que volver a empezar no significa volver atrás.

Esta mañana inicié de nuevo mi prueba de fondeo. Hace solo unos días me la cancelaron por un error que no había previsto. Lo que más me dolió no fue el error en sí, sino que estaba muy cerca de superar la primera fase. Había hecho las cosas bien, la operación habría llegado al objetivo y, probablemente, esta semana estaría celebrando ese pequeño paso.

Pero no ocurrió así.

Y, aunque durante unos días me sentí frustrada, hoy entendí que no podía quedarme viviendo en lo que habría pasado si las cosas hubieran salido como esperaba.

Así que respiré hondo, cambié de mentalidad y volví a empezar.

Llevo más de dos años estudiando trading. Han sido muchas horas delante de los gráficos, muchos errores, muchos aprendizajes y muchas veces en las que he dudado de mí misma. Pero hay algo que nunca ha cambiado: me sigue gustando.

Disfruto analizando el mercado. Me gusta entender por qué el precio se mueve, buscar patrones, aprender algo nuevo cada día. Y creo que cuando realmente disfrutas de un proceso, es mucho más difícil rendirte.

A veces la gente no entiende esa parte de mí.

Me apasiona aprender cosas nuevas. Me gusta explorar diferentes caminos. Más de una vez he escuchado frases como «quien mucho abarca, poco aprieta» o «al final no terminarás haciendo nada».

Y, sinceramente, no me afectan.

Hace apenas dos meses decidí crear este blog, una idea que llevaba años guardada en un cajón. Siempre encontraba una excusa para dejarlo para más adelante, hasta que un día simplemente empecé. Hoy puedo decir que es una de las mejores decisiones que he tomado. Escribir aquí me ayuda a ordenar mis pensamientos y a compartir una parte de mí que pocas personas conocen.

Y, por si fuera poco, hace una semana también empecé un curso de dibujo.

Nunca imaginé que me gustaría tanto.

Es una de esas actividades que consiguen que el tiempo pase sin darte cuenta. Durante un rato dejo de pensar en objetivos, en resultados o en preocupaciones, y simplemente disfruto del momento. Es una forma de desconectar que necesitaba más de lo que imaginaba.

Este fin de semana me sirvió para recargar energías.

Hoy he empezado la semana con otra actitud.

No porque todo se haya solucionado de repente, sino porque he entendido que el camino no cambia por tener que empezar una vez más.

Sigo creyendo en mis objetivos.

Sigo creyendo que todo llegará cuando tenga que llegar.

Y, mientras tanto, solo hay una cosa que puedo hacer.

Seguir caminando.

Porque, al final, la única forma de no conseguir algo es dejar de intentarlo.

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