Querido diario | 29 de junio de 2026

Hoy, como muchos otros días, me he encontrado pensando en lo mismo: en lo mucho que deseo que todos mis proyectos salgan adelante para poder dejar mi trabajo y dedicarme al cien por cien a construir la vida que imaginó.

Y, al mismo tiempo, quiero dejar algo claro. Ese deseo no significa que no me sienta agradecida por el trabajo que tengo. Todo lo contrario. Gracias a él puedo pagar mis facturas, invertir en mis proyectos y seguir dando pequeños pasos hacia mis objetivos. Mi trabajo es el puente que hoy me acerca a la vida que quiero construir.

Lo que ocurre es que, a veces, siento que el tiempo pasa demasiado deprisa.

Tengo 31 años y, dentro de un mes, cumpliré 32. No me preocupa hacerme mayor; lo que realmente me inquieta es sentir que hay tantas cosas que quiero crear, aprender y vivir, y tan pocas horas al día para hacerlo.

Cuando trabajas muchas horas, parece que el tiempo se escapa entre responsabilidades. Y aunque intento aprovechar cada momento libre, hay días en los que siento que avanzo más despacio de lo que me gustaría.

Ahora mismo estamos en época de vacaciones en el trabajo, así que mi horario ha cambiado. Durante unas semanas estaré trabajando de siete de la mañana a cinco de la tarde.

Cuando salgo, llego a casa, enciendo el ordenador y sigo trabajando, pero esta vez en mis sueños. Escribo para el blog, preparo contenido, organizo ideas y doy un paso más en todos esos proyectos que espero que algún día se conviertan en mi forma de vida.

Después, intento sacar fuerzas para ir a CrossFit.

Hay días en los que el cuerpo pesa. En los que la mente también está cansada. Pero, aun así, voy.

Porque, aunque esté agotada, sé que rendirme hoy solo haría que mis sueños se alejaran un poco más.

Curiosamente, también disfruto de esta etapa.

Me gusta sentirme productiva. Me gusta acostarme sabiendo que, aunque haya sido un pequeño paso, hoy también he avanzado.

Pero intento recordarme algo importante: ser productiva no debería significar olvidarme de descansar.

Todavía estoy aprendiendo a encontrar ese equilibrio entre perseguir mis metas y cuidar de mí misma.

Y quizá esa sea una de las lecciones más importantes de este momento de mi vida.

Esta noche termino el día sintiéndome profundamente agradecida.

Agradecida por la vida que tengo.

Por todo lo que ya he conseguido.

Y, sobre todo, por la ilusión de todo lo que todavía está por venir.

Ahora toca una ducha, descansar y dormir.

Mañana será un nuevo día.

Y volveré a empezar.

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