¿Por qué quiero comer todo el tiempo después de una cirugía bariátrica?

Alimentos dulces y salados sobre una mesa relacionados con el picoteo y la alimentación después de una cirugía bariátrica

Hay algo que me lleva pasando desde hace bastante tiempo y hoy me apetecía hablar de ello.

No es hambre.

O al menos yo no siento que sea hambre.

Es esa necesidad de querer picar algo prácticamente cada hora.

Es curioso porque antes de la cirugía era mucho más de salado. Me encantaban las patatas, los aperitivos, cualquier cosa que llevara sal.

Ahora, en cambio, muchas veces lo que me pide el cuerpo es dulce.

Aunque también depende del día.

Hay momentos en los que abriría una bolsa de patatas sin pensarlo y otros en los que lo único que me apetece es un trocito de chocolate o cualquier cosa con azúcar.

Y la verdad es que me desespera un poco.

Porque sé que ese picoteo constante ha sido una de las razones por las que he recuperado algunos kilos.

No han sido veinte ni treinta, pero sí los suficientes como para hacerme pensar que tengo que volver a prestar atención a ciertos hábitos.

Y creo que ahí está una de las partes más difíciles de todo esto: saber que algo está pasando, pero no tener todavía muy claro cómo solucionarlo.

Cuando las ganas de comer aparecen aunque no tenga hambre

He intentado bastantes cosas.

Mi nutricionista me decía que probablemente no estaba consumiendo suficiente proteína.

Así que aumenté la cantidad de proteína en las comidas.

Y sí, me saciaba más…

Pero las ganas de picar seguían ahí.

Por eso cada vez estoy más convencida de que, en mi caso, no siempre se trata de hambre física.

Creo que hay una parte mental.

O quizá simplemente un hábito que he ido reforzando sin darme cuenta.

Hay días en los que termino de comer y, media hora después, ya estoy pensando qué podría comer después.

Y sé perfectamente que mi cuerpo no necesita comida en ese momento.

Es mi cabeza la que la está buscando.

Y empezar a reconocer esa diferencia me ha hecho pensar muchísimo.

Porque quizá durante mucho tiempo hemos aprendido a interpretar cualquier deseo de comer como hambre.

Pero no siempre es así.

A veces queremos comer porque estamos aburridas.

O porque estamos cansadas.

O porque necesitamos desconectar.

O simplemente porque hemos creado una rutina alrededor de la comida.

Y reconocerlo no significa que tengamos que castigarnos por ello.

Simplemente significa empezar a observarnos.

¿Hambre o simplemente ganas de comer?

Después de una cirugía bariátrica, nuestra relación con la comida puede cambiar muchísimo.

Al menos en mi caso, hay momentos en los que todavía me cuesta entender exactamente qué estoy sintiendo.

¿Tengo hambre?

¿Tengo ganas de algo dulce?

¿Estoy aburrida?

¿Estoy buscando una recompensa?

¿O simplemente me he acostumbrado a comer algo a determinada hora?

No siempre tengo la respuesta.

Pero ahora intento hacerme la pregunta antes de ir directamente a buscar algo en la cocina.

Y parece una tontería, pero para mí ya supone una pequeña diferencia.

Porque antes muchas veces ni siquiera me daba cuenta.

Simplemente lo hacía.

Abría la nevera.

Buscaba algo.

Comía.

Y seguía con mi día.

Ahora, al menos, hay un momento en el que puedo decir:

“Espera. ¿Realmente tengo hambre?”

No siempre la respuesta cambia lo que hago.

Y tampoco creo que tenga que hacerlo siempre.

Pero empezar a ser consciente de ello ya me parece un avance.

El picoteo después de una cirugía bariátrica

Una de las cosas que más me preocupa es precisamente ese picoteo constante.

No porque crea que comer algo entre horas sea necesariamente malo.

Sino porque cuando se convierte en algo automático, puede terminar afectando a nuestros hábitos y, en mi caso, también ha coincidido con esa recuperación de algunos kilos.

Y eso me ha hecho volver a prestar atención.

No quiero entrar en la mentalidad de:

“He comido esto, lo he hecho mal.”

Porque ya no quiero relacionarme con la comida desde la culpa.

Quiero aprender a observar mis hábitos sin convertir cada comida en un examen.

Además, cada proceso bariátrico es diferente. Lo que funciona para una persona puede no funcionar para otra, y por eso creo que es tan importante contar con el acompañamiento de nuestro equipo médico y nutricional.

Yo puedo hablar de mi experiencia.

Pero mi experiencia no es una receta para nadie.

Creo que también hay algo de hábito

Hay algo que cada vez tengo más claro.

Quizá mi problema no sea solamente la comida.

Quizá también sea el hábito.

Porque cuando haces algo muchas veces, tu cerebro termina asociándolo con determinados momentos.

Comer mientras veo una serie.

Buscar algo dulce después de comer.

Picar mientras hago cualquier cosa.

Abrir un paquete porque estoy aburrida.

Comer simplemente porque tengo algo delante.

Son pequeñas cosas que parecen insignificantes cuando ocurren una sola vez.

Pero cuando empiezan a repetirse, se convierten en una rutina.

Y romper una rutina no siempre es tan fácil como decir:

“A partir de mañana dejo de hacerlo.”

Ojalá fuera así de sencillo.

Creo que también tenemos que aprender a entender qué estamos buscando realmente en esos momentos.

Porque quizá algunas veces estamos buscando comida.

Pero otras estamos buscando descanso, entretenimiento, calma o simplemente un pequeño momento de placer.

Y eso me parece mucho más interesante que limitarme a pensar:

“Tengo que dejar de picar.”

No quiero vivir peleándome con la comida

Esta es probablemente la parte que más me importa.

No quiero volver a tener una relación de miedo con la comida.

No quiero sentir que cada vez que tengo ganas de comer algo estoy haciendo algo mal.

No quiero pasarme el día pensando en lo que puedo o no puedo comer.

Y tampoco quiero ignorar lo que está pasando.

Quiero encontrar un punto medio.

Quiero volver a tener una relación tranquila con la comida.

Ser consciente de lo que como.

Escuchar a mi cuerpo.

Entender mis hábitos.

Y también poder disfrutar.

Porque después de todo el proceso que supone cambiar tu cuerpo, creo que también hay que aprender a cambiar la relación que tienes con él.

Y eso no siempre ocurre al mismo ritmo.

Todavía estoy buscando mi propia solución

La parte positiva es que, al menos, soy consciente de ello.

Hace unos años probablemente ni siquiera me habría parado a pensarlo.

Ahora lo identifico y sé que es algo que quiero trabajar.

Todavía no he encontrado la solución.

Y creo que por eso quería escribir este artículo.

Porque quizá estoy todavía en esa parte del camino en la que no tengo todas las respuestas.

Y también está bien.

No todo tiene que estar resuelto para poder hablar de ello.

Quizá ahora mismo mi objetivo no sea conseguir no tener nunca ganas de picar.

Quizá sea aprender a entender por qué aparecen esas ganas.

Y decidir qué quiero hacer con ellas.

Eso también forma parte del proceso.

Porque una cirugía puede cambiar tu cuerpo, pero aprender a relacionarte con ese nuevo cuerpo, con la comida y contigo misma es otro proceso completamente diferente.

Y a veces creo que hablamos muy poco de esa parte.


Si tú también has pasado por una cirugía bariátrica y te ocurre algo parecido, me encantaría saber cómo lo has vivido.

¿Te pasa que tienes ganas de comer aunque no sientas hambre?

¿Hay algo que realmente te haya ayudado a dejar de picar entre horas?

Porque, sinceramente…

Creo que este es uno de los retos más difíciles con los que me he encontrado después de la cirugía.

Y quizá no soy la única.


Obviamente, cada proceso bariátrico es diferente y esto es simplemente mi experiencia personal. Si estás pasando por algo parecido, consulta siempre con tu equipo médico o nutricionista, que podrá orientarte teniendo en cuenta tu cirugía, tu situación y tus necesidades.

Si quieres consultar información fiable sobre el seguimiento después de una cirugía bariátrica, puedes visitar la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO).

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