Cuando decidí hacerme la cirugía bariátrica, era el secreto más grande que tenía.
Solo lo sabía mi novio. No quería contárselo a nadie más porque sentía que me iban a juzgar. Tenía miedo de que pensaran que estaba tomando el camino fácil o que no era capaz de conseguirlo por mí misma.
Fue él quien me convenció de que, al menos, debía decírselo a mi familia y a mi mejor amiga. Me operaba en Colombia y allí no tenía a nadie de confianza. Además, aunque mi novio estuviera conmigo, legalmente no podía tomar decisiones sobre mí si ocurría algo durante la operación.
Poco a poco fui contándoselo a las personas más cercanas.
Pero había un miedo que nunca le confesé a nadie.
Tenía miedo de que, si con los años volvía a engordar, alguien me dijera:
«¿Ves? Al final perdiste el dinero.»
Ahora que lo escribo puede sonar un poco absurdo, pero en aquel momento, dentro de mi cabeza, tenía todo el sentido del mundo.
Han pasado ya más de dos años desde la cirugía.
Durante este tiempo he recuperado aproximadamente cinco kilos.
Y sí, soy una persona muy activa. Entreno, intento cuidar mi alimentación y, dentro de lo que cabe, mantengo unos hábitos bastante saludables.
De hecho, mi nutricionista, que está especializada en pacientes bariátricos, ya me había advertido de que esto podía pasar. Me explicó que, después de la pérdida inicial, el cuerpo tiende a estabilizarse y es completamente normal recuperar algunos kilos.
Lo sabía.
Me lo habían explicado.
Y aun así…
Esos cinco kilos muchas veces siguen atormentándome.
No porque cinco kilos cambien mi vida.
Lo que realmente me da miedo es volver a ser la persona que fui antes.
Con el tiempo he entendido que el problema no son esos cinco kilos.
El problema es el miedo.
El miedo a volver atrás.
El miedo a sentir que has fracasado.
El miedo a decepcionarte a ti misma.
Pero también he aprendido algo importante.
No podemos vivir toda la vida con miedo a la báscula.
Porque entonces nunca disfrutaremos realmente del camino que hemos recorrido.
Hoy utilizo este espacio porque sé que no soy la única persona que siente esto.
Y si tú también has pasado por una cirugía bariátrica y alguna vez te has asustado al ver subir la báscula, quiero decirte algo.
Todo está bien.
Respira.
No eres un número.
No eres un fracaso por haber recuperado algunos kilos.
Sigues siendo la misma persona valiente que un día tomó una decisión para cambiar su vida.
Dejemos de exigirnos tanto.
Calmemos la mente.
Confiemos más en todo lo que hemos construido.
Y recordemos algo que a veces olvidamos:
Nuestra mejor versión no es la que pesa menos. Es la que vive con más paz.
Porque al final, la cirugía cambió nuestro cuerpo.
Ahora nos toca aprender a cuidar también nuestra mente. 🤍
